VIRGINIA WOOLF

Antes de publicar en 1915 su primera novela, Fin de viaje, Virginia Woolf (Londres, 1882–1941) llevaba años de dedicarse a la escritura de ensayo, género que la acompañaría a lo largo de su vida y en el que dejó piezas breves de una audacia extraordinaria, lo mismo que obras maestras poco convencionales como Una habitación propia (1929). Parte de la “aristocracia intelectual” británica, su casa en Londres se convertiría en un imán de escritores y artistas —el famoso Grupo de Bloomsbury—, mientras ella se afianzaba como un referente de la experimentación literaria, interesada en la alianza del flujo de conciencia con la intensidad poética. En sus textos ambulantes sobre las calles de Londres (el que aquí publicamos data de 1927, el mismo año de aparición de Al faro), Virginia Woolf entiende la caminata sin rumbo como una vía para dislocarse de sí misma, para romper con la fijeza del yo y reinventarse, con la idea —que vale también para la escritura— de que una vez que nos ponemos en marcha “ya no somos del todo nosotros mismos”.  

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